sábado, 25 de abril de 2026

Universal Airlines


 

Aeromarket Express (ARM)

logo Aeromarket


Aeromarket Express, cuyo código ICAO era ARM y su indicativo de llamada era AMEX, fue una compañía aérea española fundada en las Islas Baleares en 1988, dedicada al transporte de carga, tenia su base de operaciones en el aeropuerto de Palma de Mallorca y su base de mantenimiento en el aeropuerto palmesano de Son Bonet. Aeromarket tuvo el privilegio de ser la última compañía aérea española en operar el Douglas DC-3/C-47 comercialmente en España, por restricción de la aviación civil solo se pudo hacer servios de carga y de paqueteria, quedando exenta de hacer servicios de pasajeros. Este detalle la convierte en un capítulo singular y casi nostálgico de la historia de la aviación española, una empresa aérea que a finales de los años ochenta seguía volando con un avión de diseño de los años treinta, el mismo que había revolucionado la aviación comercial medio siglo antes.

flota de Aeromarket

Aeromarket Express, que llego a operar un total de 7 Douglas DC-3/C-47, también alisto en su flota, 1 Britten-Norman BN2-A-8 Islander, 2 Piper PA-23-250E Aztec y Piper PA-30-160 Twin Comanche, opero rutas de carga principalmente dentro del archipiélago Balear y varias rutas con la Península. Su ruta mas demandada y la que mas beneficios le reporto, fue entre el aeropuerto de Palma de Mallorca y Mahón en Menorca. El los cinco años de historia operacional de Aeromarket Express estuvo marcada por una serie de incidentes y accidentes que reflejan la dificultad de operar aeronaves de avanzada edad en condiciones de servicio regular. Aeromarket Express merece un lugar especial en la historia de la aviación española, no solo por ser la última operadora comercial del DC-3 en nuestro país, sino por encarnar un modelo de negocio que durante décadas había sido el pilar del transporte de carga en las islas, pequeñas compañías que con aviones veteranos y tripulaciones experimentadas mantenían el flujo de mercancías y paquetería entre islas y con la Península, cubriendo un nicho que los grandes operadores ignoraban. Su final, marcado por la tragedia del accidente de 1993, cerró definitivamente un capítulo de la aviación española y puso fin a la larga historia del DC-3 como avión comercial activo en España.

viernes, 10 de abril de 2026

GOOD FLY


GoodFly fue una sociedad-touroperador española dedicada a los paquetes turísticos chárter y la concertación de actividades aéreas, con base en el Aeropuerto de Burgos, fundada en el año 2010. Desde el principio, la empresa tuvo una vocación amplia y diversificada, su actividad abarcaba desde la formación de pilotos privados y azafatas hasta la aviación comercial, ofertando vuelos chárter desde León, La Coruña y Tenerife Norte, y vuelos estacionales desde Granada, León, Burgos, Valladolid y Tenerife Norte. Sin embargo, había un detalle fundamental que distinguía a Goodfly de una aerolínea convencional, pese a publicitarse abiertamente como aerolínea, la sociedad carecía de certificado para operar como compañía aérea y lo hacía únicamente como agente de viajes chárter. Goodfly era una comercializadora de vuelos que subcontrataba la operación real a terceros. A lo largo de su corta existencia, Goodfly recurrió a operadores aéreos de distintos países para poder ofrecer sus vuelos. Durante 2011 alquiló en régimen de wet-lease una aeronave Saab 340A del operador polaco Sky Taxi. Durante 2012 continuó bajo régimen de alquiler con un Fokker F50 con matrícula SX-BRM, operado por la compañía griega Minoan Air. En 2013 ofreció vuelos desde La Coruña operado por un Embraer EMB-120ER Brasilia de Budapest Aircraft Service. Esta rotación constante de operadores extranjeros era a la vez síntoma y causa de inestabilidad, Goodfly nunca logró establecer una relación duradera y fiable con ningún proveedor de aeronaves.
Flota de Good Fly
La empresa, que había ofertado vuelos chárter desde León, La Coruña, Tenerife, Granada, Burgos o Valladolid, acabó instalándose en el Aeropuerto de Villafría de Burgos en 2011 con vuelos a Alicante, Mahón, Málaga e Ibiza. En el verano de 2013, entre el 21 de junio y el 7 de septiembre, Goodfly fletó vuelos chárter desde Burgos a Palma de Mallorca, Ibiza y Menorca. Para financiar estas operaciones, la empresa obtuvo el apoyo de consorcios y administraciones locales que veían en ella una oportunidad para dinamizar la actividad de sus aeropuertos. El final de Goodfly fue turbulento y dejó una estela de pasajeros perjudicados y deudas sin saldar. En el verano de 2013, Goodfly obtuvo 200.000 euros del consorcio burgalés para organizar vuelos chárter estivales, pero ante sus impagos, las aerolíneas subcontratadas se negaron a seguir volando y algo más de un centenar de personas se quedaron sin posibilidad de regresar a sus destinos. La situación en León fue igualmente grave. Unos 270 pasajeros leoneses se quedaron en tierra tras la decisión de Goodfly de suspender sus operaciones en el aeropuerto de La Virgen del Camino desde el 9 de septiembre, a pesar de tener programados vuelos hasta mediados de octubre, encontrándose la empresa al borde de la quiebra e imposibilitada de devolver el dinero de los billetes. Las reclamaciones se acumularon en los organismos de consumo, juntas arbitrales y juzgados. La Junta Arbitral de Consumo emitió 47 laudos obligando a la empresa a pagar a 108 afectados un total de 50.977 euros. La historia de Goodfly es la de una empresa que intentó construir un negocio aéreo sin los cimientos necesarios para sostenerlo, sin aviones propios, sin certificado de operador aéreo y con una dependencia total de subcontratistas extranjeros cuya fiabilidad no pudo garantizar. Su colapso en 2013 dejó un regusto amargo en ciudades como Burgos y León, cuyas administraciones habían apostado por ella con dinero público, y contribuyó al deterioro de la ya frágil actividad del Aeropuerto de Villafría, que desde entonces no volvería a recuperar vuelos comerciales regulares. Una historia que recuerda que en aviación, las ambiciones sin estructura sólida pocas veces tienen final feliz.

martes, 7 de abril de 2026

logo Melilla Airlines
Melilla Airlines, cuyo nombre societario oficial era Melilla Airways SL, fue una empresa comercializadora de vuelos española con sede en Melilla, cuya sociedad fue dada de alta el 16 de abril de 2013 como idea original del piloto melillense Javier González, fruto del esfuerzo de un grupo de empresarios de la ciudad. El proyecto surgió tras el cambio de accionariado de la antigua Airmel Líneas Aéreas y su consejo de administración inicial, compuesto por ocho personas, entre ellas Salomón Benzaquen Cohen, Diego Robles Soldevila, Antonio Juan González Ramón y otros empresarios locales, reflejando el carácter marcadamente melillense de la iniciativa. Como detalle importante, pese a su nombre, Melilla Airlines carecía de un Certificado de Operador Aéreo válido, por lo que en rigor no era una aerolínea convencional sino una empresa comercializadora de vuelos, también conocida como aerolínea virtual, que subcontrataba la operación real de los aviones a terceros.
El modelo adoptado por Melilla Airlines era el de la denominada aerolínea virtual, la compañía vendía los billetes bajo su propia marca y gestionaba la relación comercial con los pasajeros, pero los vuelos eran operados físicamente por otra empresa con su propio Certificado de Operador Aéreo. La operación se articuló mediante un contrato de leasing en forma de ACMI con un ATR 42-300 de la aerolínea Aeronova, posteriormente conocida como Let's Fly. Como señaló en su momento el director general de Melilla Airlines, Ángel Ronda, este modelo de compañías virtuales no era exclusivo de Melilla Airlines, ya que las otras compañías que operaban en el aeropuerto también tenían subcontratados sus servicios, Air Europa con Swiftair e Iberia con Air Nostrum.
El primer vuelo de Melilla Airlines tuvo lugar el 3 de mayo de 2013 en la ruta Melilla–Málaga, presentándose en sociedad oficialmente el lunes 29 de abril. Aeronova operó un ATR 42-300 con matrícula EC-IDG en tres frecuencias diarias de lunes a viernes entre Málaga y Melilla, compitiendo directamente con Air Nostrum en esa misma ruta, este ATR matriculado EC-IDG fue sustituido por otro avión del mismo modelo matriculado OY-CHT también operado por Aeronova hasta el cierre de Melilla Airlines.
Flota Melilla Airlines
Meses después del lanzamiento, Melilla Airlines amplió su red con el Aeropuerto de Badajoz, aunque las conexiones con Badajoz no dieron resultados, mientras que la ocupación de la ruta a la Costa del Sol era buena. La conexión con Málaga tenía una demanda real y sostenida, ya que Málaga actuaba como puerta de entrada al continente europeo para los residentes de la ciudad autónoma, siendo la conexión aérea más demandada desde Melilla después de Madrid.
La principal debilidad estructural de Melilla Airlines residía precisamente en su dependencia total de Aeronova para poder operar. En un momento dado, Melilla Airlines tuvo que retomar sus operaciones tras tres días de cancelaciones que afectaron a cuatro vuelos y alrededor de 150 pasajeros, después de que Aeronova comunicara que no podía garantizar la continuidad del servicio. La situación se agravó cuando Melilla Airlines acusó a Aeronova de haberse quedado con el dinero de la bonificación del 50% de la que se benefician los residentes en la ciudad y que el Ministerio de Fomento había abonado a la compañía propietaria de los aparatos. Este conflicto llevó a Melilla Airlines a denunciar a Aeronova y a buscar un nuevo proveedor de aeronaves.
Año y medio después de iniciar operaciones, Melilla Airlines cesó sus actividades. La combinación de la conflictiva relación con su operador técnico, la escasa rentabilidad de las rutas fuera de la conexión con Málaga, la intensa competencia de Air Nostrum e Iberia, y las dificultades propias de un modelo de negocio sin aviones propios hicieron inviable la continuación del proyecto. La compañía desapareció dejando a Melilla sin la alternativa de conectividad que había prometido ofrecer a sus ciudadanos.
Melilla Airlines fue un intento valioso y genuinamente local de dotar a la ciudad autónoma de una aerolínea propia que compitiera con los grandes operadores nacionales y abaratara los vuelos para los residentes. Aunque su vida fue breve y su final estuvo marcado por disputas con sus proveedores, demostró que existía demanda suficiente para competir en la ruta Melilla–Málaga, algo que Air Europa confirmaría meses después al lanzar esa misma ruta con gran éxito de ocupación. La historia de Melilla Airlines es, en definitiva, la de una ciudad que quiso tener su propia aerolínea y no lo consiguió, pero que al intentarlo contribuyó a dinamizar la conectividad aérea de una de las ciudades más singulares de España.