GOOD FLY
GoodFly fue una sociedad-touroperador española dedicada a los paquetes turísticos chárter y la concertación de actividades aéreas, con base en el Aeropuerto de Burgos, fundada en el año 2010. Desde el principio, la empresa tuvo una vocación amplia y diversificada, su actividad abarcaba desde la formación de pilotos privados y azafatas hasta la aviación comercial, ofertando vuelos chárter desde León, La Coruña y Tenerife Norte, y vuelos estacionales desde Granada, León, Burgos, Valladolid y Tenerife Norte. Sin embargo, había un detalle fundamental que distinguía a Goodfly de una aerolínea convencional, pese a publicitarse abiertamente como aerolínea, la sociedad carecía de certificado para operar como compañía aérea y lo hacía únicamente como agente de viajes chárter. Goodfly era una comercializadora de vuelos que subcontrataba la operación real a terceros. A lo largo de su corta existencia, Goodfly recurrió a operadores aéreos de distintos países para poder ofrecer sus vuelos. Durante 2011 alquiló en régimen de wet-lease una aeronave Saab 340A del operador polaco Sky Taxi. Durante 2012 continuó bajo régimen de alquiler con un Fokker F50 con matrícula SX-BRM, operado por la compañía griega Minoan Air. En 2013 ofreció vuelos desde La Coruña operado por un Embraer EMB-120ER Brasilia de Budapest Aircraft Service. Esta rotación constante de operadores extranjeros era a la vez síntoma y causa de inestabilidad, Goodfly nunca logró establecer una relación duradera y fiable con ningún proveedor de aeronaves.  |
| Flota de Good Fly |
La empresa, que había ofertado vuelos chárter desde León, La Coruña, Tenerife, Granada, Burgos o Valladolid, acabó instalándose en el Aeropuerto de Villafría de Burgos en 2011 con vuelos a Alicante, Mahón, Málaga e Ibiza. En el verano de 2013, entre el 21 de junio y el 7 de septiembre, Goodfly fletó vuelos chárter desde Burgos a Palma de Mallorca, Ibiza y Menorca. Para financiar estas operaciones, la empresa obtuvo el apoyo de consorcios y administraciones locales que veían en ella una oportunidad para dinamizar la actividad de sus aeropuertos. El final de Goodfly fue turbulento y dejó una estela de pasajeros perjudicados y deudas sin saldar. En el verano de 2013, Goodfly obtuvo 200.000 euros del consorcio burgalés para organizar vuelos chárter estivales, pero ante sus impagos, las aerolíneas subcontratadas se negaron a seguir volando y algo más de un centenar de personas se quedaron sin posibilidad de regresar a sus destinos. La situación en León fue igualmente grave. Unos 270 pasajeros leoneses se quedaron en tierra tras la decisión de Goodfly de suspender sus operaciones en el aeropuerto de La Virgen del Camino desde el 9 de septiembre, a pesar de tener programados vuelos hasta mediados de octubre, encontrándose la empresa al borde de la quiebra e imposibilitada de devolver el dinero de los billetes. Las reclamaciones se acumularon en los organismos de consumo, juntas arbitrales y juzgados. La Junta Arbitral de Consumo emitió 47 laudos obligando a la empresa a pagar a 108 afectados un total de 50.977 euros. La historia de Goodfly es la de una empresa que intentó construir un negocio aéreo sin los cimientos necesarios para sostenerlo, sin aviones propios, sin certificado de operador aéreo y con una dependencia total de subcontratistas extranjeros cuya fiabilidad no pudo garantizar. Su colapso en 2013 dejó un regusto amargo en ciudades como Burgos y León, cuyas administraciones habían apostado por ella con dinero público, y contribuyó al deterioro de la ya frágil actividad del Aeropuerto de Villafría, que desde entonces no volvería a recuperar vuelos comerciales regulares. Una historia que recuerda que en aviación, las ambiciones sin estructura sólida pocas veces tienen final feliz.
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