martes, 7 de abril de 2026

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Melilla Airlines, cuyo nombre societario oficial era Melilla Airways SL, fue una empresa comercializadora de vuelos española con sede en Melilla, cuya sociedad fue dada de alta el 16 de abril de 2013 como idea original del piloto melillense Javier González, fruto del esfuerzo de un grupo de empresarios de la ciudad. El proyecto surgió tras el cambio de accionariado de la antigua Airmel Líneas Aéreas y su consejo de administración inicial, compuesto por ocho personas, entre ellas Salomón Benzaquen Cohen, Diego Robles Soldevila, Antonio Juan González Ramón y otros empresarios locales, reflejando el carácter marcadamente melillense de la iniciativa. Como detalle importante, pese a su nombre, Melilla Airlines carecía de un Certificado de Operador Aéreo válido, por lo que en rigor no era una aerolínea convencional sino una empresa comercializadora de vuelos, también conocida como aerolínea virtual, que subcontrataba la operación real de los aviones a terceros.
El modelo adoptado por Melilla Airlines era el de la denominada aerolínea virtual, la compañía vendía los billetes bajo su propia marca y gestionaba la relación comercial con los pasajeros, pero los vuelos eran operados físicamente por otra empresa con su propio Certificado de Operador Aéreo. La operación se articuló mediante un contrato de leasing en forma de ACMI con un ATR 42-300 de la aerolínea Aeronova, posteriormente conocida como Let's Fly. Como señaló en su momento el director general de Melilla Airlines, Ángel Ronda, este modelo de compañías virtuales no era exclusivo de Melilla Airlines, ya que las otras compañías que operaban en el aeropuerto también tenían subcontratados sus servicios, Air Europa con Swiftair e Iberia con Air Nostrum.
El primer vuelo de Melilla Airlines tuvo lugar el 3 de mayo de 2013 en la ruta Melilla–Málaga, presentándose en sociedad oficialmente el lunes 29 de abril. Aeronova operó un ATR 42-300 con matrícula EC-IDG en tres frecuencias diarias de lunes a viernes entre Málaga y Melilla, compitiendo directamente con Air Nostrum en esa misma ruta, este ATR matriculado EC-IDG fue sustituido por otro avión del mismo modelo matriculado OY-CHT también operado por Aeronova hasta el cierre de Melilla Airlines.
Flota Melilla Airlines
Meses después del lanzamiento, Melilla Airlines amplió su red con el Aeropuerto de Badajoz, aunque las conexiones con Badajoz no dieron resultados, mientras que la ocupación de la ruta a la Costa del Sol era buena. La conexión con Málaga tenía una demanda real y sostenida, ya que Málaga actuaba como puerta de entrada al continente europeo para los residentes de la ciudad autónoma, siendo la conexión aérea más demandada desde Melilla después de Madrid.
La principal debilidad estructural de Melilla Airlines residía precisamente en su dependencia total de Aeronova para poder operar. En un momento dado, Melilla Airlines tuvo que retomar sus operaciones tras tres días de cancelaciones que afectaron a cuatro vuelos y alrededor de 150 pasajeros, después de que Aeronova comunicara que no podía garantizar la continuidad del servicio. La situación se agravó cuando Melilla Airlines acusó a Aeronova de haberse quedado con el dinero de la bonificación del 50% de la que se benefician los residentes en la ciudad y que el Ministerio de Fomento había abonado a la compañía propietaria de los aparatos. Este conflicto llevó a Melilla Airlines a denunciar a Aeronova y a buscar un nuevo proveedor de aeronaves.
Año y medio después de iniciar operaciones, Melilla Airlines cesó sus actividades. La combinación de la conflictiva relación con su operador técnico, la escasa rentabilidad de las rutas fuera de la conexión con Málaga, la intensa competencia de Air Nostrum e Iberia, y las dificultades propias de un modelo de negocio sin aviones propios hicieron inviable la continuación del proyecto. La compañía desapareció dejando a Melilla sin la alternativa de conectividad que había prometido ofrecer a sus ciudadanos.
Melilla Airlines fue un intento valioso y genuinamente local de dotar a la ciudad autónoma de una aerolínea propia que compitiera con los grandes operadores nacionales y abaratara los vuelos para los residentes. Aunque su vida fue breve y su final estuvo marcado por disputas con sus proveedores, demostró que existía demanda suficiente para competir en la ruta Melilla–Málaga, algo que Air Europa confirmaría meses después al lanzar esa misma ruta con gran éxito de ocupación. La historia de Melilla Airlines es, en definitiva, la de una ciudad que quiso tener su propia aerolínea y no lo consiguió, pero que al intentarlo contribuyó a dinamizar la conectividad aérea de una de las ciudades más singulares de España.

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